«Pase sin llamar»

Como los cartelitos que ponen en algunas oficinas, te invito a recorrer el blog con toda libertad y a conocerme a través de mis reflexiones cotidianas a la luz de las enseñanzas de la Fe Bahá'í. ¿Tenés un ratito? Vení a relajarte y a leerme, café de por medio. Estaré esperando tus comentarios y reflexiones para conocernos un poco más.
La idea es que en el acto de compartir la luz propia a través de nuestras palabras y convicciones, nos enriquezcamos mutuamente y podamos brillar como verdaderos soles en el mundo de la creación.
¡Bienvenid@!
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domingo, 1 de enero de 2012

Me Prometo A Mí Mismo...

Primer día del año, buen momento para hacerme un regalo y hacer mis resoluciones para el 2012. Pero primero, mi regalito, una canción de Devon Grundy con una letra poderosísima.

Devon Gundry - "Armed".



Christian Larson me ayudó a abrir los ojos y la mente, y me confirmó qué es lo importante en la vida, así que con eso en mente, trazo mis metas para este año. No sé si lograré cumplirlas, pero sí sé que voy a esforzarme y que, más allá del resultado, voy a terminar siendo mejor de lo que soy ahora. Así que aquí voy.


Me prometo a mí mismo...

Ser lo suficientemente fuerte para que nada pueda interrumpir mi paz mental.

Hablar de salud, alegría y prosperidad a toda persona que encuentre.

Lograr que todos mis amigos sientan que hay algo valioso en ellos.

Verle el lado positivo a todo y lograr que mi optimismo sea una realidad.

Pensar únicamente en lo mejor, trabajar únicamente por lo mejor y esperar solo lo mejor.

Sentir entusiasmo por el éxito de los demás, tal como lo siento por el mío propio.

Olvidar los errores del pasado y enfocarme en los grandes logros del futuro.

Reflejar una expresión de gozo todo el tiempo y brindar una sonrisa a todo ser viviente que encuentre.

Dedicar mucho tiempo a superarme, de tal forma que no me quede tiempo para criticar a otros.

Ser muy grande para no preocuparme, muy noble para no sentir enojo, muy fuerte para no tener miedo y demasiado feliz para no permitir la presencia de cualquier problema.

Sentirme bien conmigo mismo y proclamar esta verdad al mundo, no con palabras sino con grandes acciones.

Vivir en la convicción de que el mundo entero está de mi lado, siempre y cuando logre mantenerme fiel a lo mejor de mi mismo.

domingo, 20 de abril de 2008

Soy Bahá'í




¡Mi Dios, mi Adorado, mi Rey, mi Deseo!

¿Qué lengua puede expresar mis gracias a Ti?
Yo era negligente, Tú me despertaste.

Yo me había alejado de Ti,
Tú me ayudaste bondadosamente a volver hacia Ti.

Yo era como un muerto,
Tú me vivificaste con el agua de vida.

Yo estaba marchito,
Tú me reanimaste con la corriente celestial de tu Palabra
que ha fluido de la pluma del Todo Misericordioso.

¡Oh Divina Providencia!

Toda la existencia es engendrada por tu munificencia;
no la prives de las aguas de tu generosidad
ni del océano de tu misericordia.

Te imploro que me ayudes y me asistas
en todo momento y en todas condiciones.
Y anhelo tu antiguo favor del cielo de tu gracia.

Tú eres, en verdad, el Señor de bondad y
el Soberano del reino de la eternidad.

- Bahá'u'lláh -

Hace diez años y unos cuantos meses, cuando estaba investigando sobre la Fe Bahá'í, tuve la oportunidad de participar en el Congreso del Movimiento Juvenil Bahá'í que se hizo en Chile. Mientras estuve allí, soñé con 'Abdu'l-Bahá.

En mi sueño, yo y otros más caminábamos sobre una gran rueda de madera que llevaba dos ejes en cruz. Entonces apareció un óvalo negro que flotaba en el aire, como esas puertas a otra dimensión que se ven en las películas de ciencia ficción. Era 'Abdu'l-Bahá. Sí, ya sé, no estaban su cara ni su cuerpo, pero era su voz y era Él. Cosas que tienen los sueños. La Voz me decía que debía seguir caminando sobre la rueda, y que no me saliera de ella, pues estaría perdido.

Ese congreso fue clave para mí. Por ejemplo, en esa época, yo era muy rebelde y caprichoso (lo admito, todavía me quedan resabios de ambas cosas), y si bien ya me sentía identificado con la Fe Bahá'í, no firmaba mi tarjeta de ingreso porque, decía yo, eso no cambiaba en nada mis sentimientos. Cuando mis amigos me insinuaban que debía firmar mi tarjeta de ingreso formal a la Fe, sus palabras solo lograban alentar a mi pobre alma inmadura en su terquedad. Así que cuando estuve en el congreso, hablé de esto con una consejera, y recibí una respuesta tan sencilla como contundente: yo no debía firmar mi tarjeta por nada, salvo por amor. Ella me dijo que hay cosas que nuestros padres nos piden y que a veces nosotros no entendemos. Lo mismo ocurre con Bahá'u'lláh, Quien habla a través de la Casa Universal de Justicia. La Casa de Justicia pide un ingreso formal por asuntos administrativos y estadísticos, y yo debía firmar esa tarjeta sólo cuando mi amor por Bahá'u'lláh fuera tan grande que sería capaz de obedecerlo aun sin entender Su pedido.

Eso fue todo. No había más vueltas que darle al asunto. Lo próximo fue preguntarme cuán grande era mi amor por Bahá'u'lláh y si la medida de ese amor podía llevarme a confiar en Él con los ojos cerrados.

El 21 de Abril de 1998, a las cinco de la tarde, me encerré en mi cuarto, solo yo y mi tarjeta de ingreso. A solas con Bahá'u'lláh. En medio del silencio y la solemnidad, ofrecí una oración y firmé donde decía que soy un seguidor de la Gloria de Dios. Con todos mis sentidos concentrados en ese momento de magia personal, aceptaba a Bahá'u'lláh como el Mensajero de Dios para esta época, reconocía sus enseñanzas, las entendía y me sometía a ellas. Mi mente asistía, con todos sus poderes, a mi propio nacimiento, una nueva creación de mí.

Varios meses después, estando solo en mi cuarto, comencé a llorar porque tenía problemas que me estaban asfixiando. Esta vez, la soledad del cuarto me ahondó más la pena y el sentido de abandono. Entonces pensé en Bahá'u'lláh y en lo que significaba ser Bahá'í. Hasta entonces, mi mente había entendido con claridad lo que implicaba ser Bahá'í, pero sucedió algo mientras la tristeza se hacía lágrimas: sentí a Bahá'u'lláh abrazándome suavemente, como cuando un papá abraza a su hijo porque quiere aliviarle el dolor. ¡Él estaba ahí! Yo seguí llorando, esta vez de emoción, porque por fin mi corazón sentía lo que mi mente ya había entendido: que era un hijo de Dios, que no estaba solo, que nunca lo estuve. Supe y sentí que era un seguidor de la Gloria, un Bahá'í.

Sé que no soy el mejor hijo que Dios ha tenido, y que todavía sigo mudando de piel, unas veces con más o menos dolor y dificultad que otras. Pero estoy aquí, de pie. Y como dice la oración, sea lo que yo sea, aun soy Su hijo.

sábado, 29 de marzo de 2008

Investigar + Practicar = Ser Mejor

Un hombre fue a una barbería a cortarse el cabello, y entabló una conversación con la persona que lo atendió. De pronto, tocaron el tema de Dios.
El barbero dijo:
_Yo no creo que Dios exista, como usted dice.
_¿Por qué dice usted eso? - pregunto el cliente.
_Es muy fácil, al salir a la calle uno se da cuenta de que Dios no existe. O dígame: ¿acaso si Dios existiera, habría tantos enfermos? ¿Habría niños abandonados? Si Dios existiera, no habría sufrimiento ni tanto dolor para la humanidad. No puedo pensar que exista un Dios que permita todas estas cosas.
El cliente se quedó pensando, y no quiso responder para evitar una discusión. Al terminar de cortarse el cabello, el cliente salió del negocio y vio a un hombre con la barba y el cabello largo.Entró de nuevo a la barbería y le dijo al barbero:
_¿Sabe una cosa? ¡Los barberos no existen!
_¿Cómo? Si aquí estoy yo.
_¡No...! -dijo el cliente- No existen, si existieran no habría personas con el pelo y la barba tan larga como la de ese hombre.
_Los barberos sí existen, es que esas personas no vienen hacia mí.
_¡Exacto! -dijo el cliente-. Ese es el punto: Dios sí existe, lo que pasa es que las personas no van hacia Él y no le buscan, por eso hay tanto dolor y miseria.
El cliente se fue y el barbero, que antes había aceptado muchas ideas por tradición, ahora se quedó pensando.

Muchas veces, actuamos del mismo modo que el barbero del cuento, aceptando ideas poco pensadas simplemente porque nos las enseñaron nuestros padres, la escuela o algunos seres queridos. Los humanos somos los únicos seres vivos que tenemos libre albeldrío y razonamiento profundo, sin importar el grado de instrucción recibida. Aceptar ideas ajenas sin pasarlas por el tamiz de nuestro propio razonamiento es desmerecer nuestras capacidades intelectuales y espirituales, es el acto de negarnos a nosotros mismos por no hacer valer nuestra doble naturaleza material y espiritual.

Uno de los principios fundamentales de la Fe Bahá'í es la libre investigación y aplicación de la verdad. Esto es un derecho humano básico, el motor que nos lleva a la prosperidad y el engrandecimiento colectivos. Este principio involucra las dos caras de una misma moneda, un derecho y una responsabilidad al mismo tiempo: el derecho a buscar, conocer, aprender, investigar por nosotros mismos y libres de toda presión e influencia no solicitada, y la responsabilidad de ser coherentes y poner en práctica aquéllo que por nosotros mismos descubrimos como una verdad. Así que mi intensión en esta oportunidad es dejarte pensando en las veces en que hemos caído en el facilismo y la engañosa comodidad de dejarnos llevar por lo que los demás dicen, y tratar de identificar situaciones para revertir este hábito vicioso en el que, dicho sea de paso, yo mismo he caído varias veces.

Y a propósito del cuento, para muchos la existencia de Dios es una cuestión resuelta, pero para otros es un tema pendiente. Desde mi humilde experiencia personal como ex-ateo que buscaba gatos negros inexistentes en un cuarto oscuro con los ojos vendados, puedo decir que lo referido a Dios no debe ser analizado solamente con nuestras capacidades intelectuales; falta prestar atención a nuestros sentidos espirituales, lo que se vuelve un gran desafío para muchos que todavía arrastran -a conciencia o sin saberlo- las limitaciones materialistas y positivistas que nos impuso la educación tradicional. Es uno de los desafíos más fuertes que muchos podamos enfrentar, pero es, con toda convicción, el desafío que más nos acercará a un nivel de conciencia superior y a una versión mejorada de nosotros mismos.

Les agradezco a dos Elizabeth, mi amiga de Perú y mi amiga de Bolivia, que me hicieron llegar el cuento por mail, y le agradezco a quien lo haya escrito, pues creó un excelente disparador para reflexionar sobre uno de los temas más discutidos de la humanidad.

Ya sea que esta entrada te haya gustado o no, coincida con tus ideas o no, dejame un comentario y vamos a charlar un rato. Dame la oportunidad de seguir ampliando mi verdad a través de vos.

domingo, 2 de marzo de 2008

El Ayuno Bahá'í

Desde el 26 de febrero hasta el 1 de marzo, los Bahá'ís estuvimos dedicados al obsequio de regalos, al servicio y a la hospitalidad. Esos días son conocidos como los Ayyám-i-Há, es decir, los Días Intercalares. Ahora, los Bahá'ís de todo el mundo estamos entrando al período de ayuno. Se trata de diecinueve días en los que más de cinco millones de personas de todas las culturas y de todos los países del mundo, unidas por la fuerza de una religión universal, se centran en la meditación, la oración y los reajustes necesarios que deben hacer en sus vidas, a fin de disfrutarlas más plenamente y mantenerlas en armonía con Dios. Al finalizar el ayuno, en la víspera del 21 de marzo, los Bahá'ís de todo el mundo festejaremos Naw-Rúz, el Año Nuevo Bahá'í.

El ayuno bahá'í consiste en abstenerse de comer y beber desde la salida hasta la puesta del sol, de modo que los Bahá'ís que estamos ayunando nos levantamos temprano, nos alimentamos bien y recibimos el día ofreciendo oraciones y meditando sobre los escritos sagrados. Durante el resto del día cumplimos con nuestras obligaciones y nos enfocamos en desarrollar más nuestra vida espiritual, algo que también hacemos el resto del año, pero que en estos diecinueve días, por ser días de ayuno ordenado por Dios, guardan una significación y un poder mayores. Al ponerse el sol, rompemos el ayuno con una comida, a gusto de cada cual.

Este ayuno es, en realidad, un símbolo y un recordatorio: la idea es privarse por unas horas del alimento físico y llenar el alma con el alimento espiritual; la idea es recordar que, así como nos privamos de la comida, debemos privarnos también de los deseos de la carne; la idea es tener presente que a nuestro alrededor hay gente que sufre el año entero la falta de alimento, y que nosotros podemos hacer algo para aliviar su sufrimiento.

El ayuno bahá'í es vivido de un modo muy especial por quienes lo hacen. Sé de personas que, sin necesidad de ser Bahá'ís, lo practican porque encuentran que les trae beneficios físicos y espirituales. Es que no es poca cosa que, al mismo tiempo, en todo el planeta, cinco millones de personas estén íntimamente comprometidas con una práctica ordenada por Dios. Necesariamente, esta unidad de acción genera una energía espiritual que envuelve al mundo y se siente en el corazón de quienes están ayunando.

De modo que mañana comienza el primer día de mi décimo año de ayuno. Me siento agradecido a Dios por ser parte de esta familia que no conoce fronteras ni prejuicios y pienso que, aunque queda una enorme masa de la población mundial caminando en la oscuridad de la ignorancia y hundiéndose en las arenas movedizas del fanatismo, hay sin embargo una energía espiritual que libera el proceso mismo del ayuno que se potencia por el esfuerzo diario de cada persona por ser lo mejor de sí mismo. Pienso que, mientras hay personas y gobiernos alentando las guerras, el hambre y la corrupción, hay también una nueva raza de hombres y mujeres que son "como las olas de un solo mar", y que su unidad está encendiendo los corazones de sus pares y uniéndolos en su Causa de amor.

Sé que cuantas más personas ofrezcamos de corazón este ayuno renovador -que, en definitiva, es un regalo de Dios para nuestro crecimiento espiritual-, más luz arderá en el mundo y menos sufrimiento habrá en él. Sé que este ayuno será muy beneficioso para mí como cada año lo ha sido. En estos días, me gusta pensar que no estoy solo, que en todo el mundo, en todas las ciudades, hay alguien que está encendiendo la mecha de la unidad con su propio ayuno. En todas las naciones hay corazones ardiendo como antorchas, hay seres humanos incendiándose en el fuego del amor a Dios. Y eso me da esperanzas. ¿A vos no?

«Si es tu deseo,
hazme crecer como la tierna hierba
en los prados de tu gracia
para que las suaves brisas de Tu voluntad
me conmuevan y me inclinen
en conformidad con Tu agrado.»
- Bahá'u'lláh -

lunes, 25 de febrero de 2008

La Virtud Como Derecho

¡Yá Bahá'u'l-Abhá!*

Soy Bahá'í.

Si no has escuchado nunca esta palabra te estarás preguntando qué es ser Bahá'í. De modo resumido, ser Bahá'í significa creer en el poder de la unidad, creer que hay un solo Dios para toda la humanidad, que todas las grandes religiones del mundo tienen su origen en Él y que los fundadores de estas religiones provienen, todos, de un solo Dios, Quien los envía como una Manifestación de Sí Mismo.

Ser Bahá'í significa reconocer con el corazón que la Manifestación de Dios para esta época es Bahá'u'lláh («La Gloria de Dios», en árabe), y que sus enseñanzas son las luces que guían a la humanidad.

Bahá'u'lláh, al igual que Su Santidad Jesucristo, enseña que todos los seres humanos fuimos creados a imagen y semejanza de Dios. Por mucho tiempo, se han interpretado estas palabras en forma literal, lo que distorsionó el modo en que las personas concebíamos a Dios.

¿Un ejemplo? Si Dios me creó a su imagen y semejanza en un sentido literal, es decir, si me creó a su semejanza físicamente, esto quiere decir que Dios es un hombre de tez blanca, de cabellos largos y con rulos, de ojos marrones y ni gordo ni flaco. Pero Whoopi Goldberg y John Candy, por ejemplo, podrían decir lo mismo, y entonces la imagen de Dios sería algo totalmente distinto. Esta interpretación literal y errónea de las palabras de Jesucristo, unida al machismo predominante, generó una confusión que nos costó caro a todos.

Bahá'u'lláh aclara que decir que los humanos fuimos creados "a imagen y semejanza de Dios" significa que Dios depositó en nosotros el tesoro de sus cualidades y atributos, por cuanto Dios no es un ser de naturaleza física.

A primera vista, salen a la luz dos implicaciones en este nuevo entendimiento de que estamos hechos a imagen y semejanza de nuestro Creador: Primero, se soluciona cualquier confusión y confrontación que pueda darse sobre el aspecto de Dios, y de si Él debe ser un hombre o una mujer, pues al tratarse de un Ser totalmente espiritual, está librado de esas limitaciones que tenemos los humanos. Segundo, que el ser humano, por esta propiedad de estar hecho a imagen y semejanza suya, efectivamente, puede desarrollar las cualidades y atributos que Dios depositó en su alma y alcanzar alturas asombrosas de progreso espiritual, intelectual y social. A partir de aquí, las potencialidades que hay en nosotros y sus implicaciones ¡son infinitas!

Tenemos el derecho natural a aprender a leer y escribir, por cuanto así podemos acceder personalmente a los Escritos Sagrados que Dios reveló a través de Sus Manifestaciones, Escritos donde dejó la guía suficiente para emprender nuestro desarrollo espiritual. Tenemos el derecho natural a desarrollar nuestro intelecto, por cuanto así mejoraremos los medios por los que estas potencialidades se manifestarán en el mundo del ser. Tenemos derecho a ser felices, por cuanto la felicidad es uno de estos atributos que Dios puso en nosotros para manifestarlos. Tenemos derecho a amar, y a amar a todo ser humano, por cuanto el amor es la virtud subyacente a todas las otras.

Así es, estos tesoros que Dios depositó en nosotros, con la esperanza de que los desarrollemos durante toda nuestra vida para alcanzar plenitud en la semejanza a Él, son las virtudes que desde siempre se ha ponderado, pero que el pensamiento predominante, viciado por el materialismo y un hedonismo sin sentido, está desvalorizando. En cuanto los seres humanos nos unamos, sin distinciones ni prejuicios, para bruñir en nosotros el espejo del alma que reflejará los atributos de Dios, estaremos dando lugar a que Dios Mismo se pose sobre nosotros, insignificantes átomos dentro de todo este universo, y nos alimente hasta convertirnos en soles radiantes y llenos de poder.

Los Bahá'ís estamos orgullosos de la posición exaltada que Dios concedió al ser humano, y estamos comprometidos individual, institucional y comunitariamente, con el desarrollo de las cualidades espirituales, cuya expresión permitirá a toda la humanidad remontarse a alturas inimaginables de desarrollo y brillar como el sol en el cielo del progreso.

Si querés saber más sobre qué están haciendo los Bahá'ís en tu país, visitá www.bahai.org



* Yá Bahá'u'l-Abhá significa "Oh Tú, Gloria del Más Glorioso". Es la oración Bahá'í más corta y es extremadamente poderosa. La pongo al inicio porque siempre que voy a comenzar a utilizar un cuaderno o un bolígrafo por primera vez, es lo primero que escribo. Esta costumbre mía la aplico también a la versión electrónica de cuaderno o bolígrafo.
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